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LECCION 6 EL CAMINO QUE POCOS RECORREN

[edgtf_button type=”simple” text=”“Mis pensamientos no se parecen en nada a sus pensamientos “dice el Señor”. Y mis caminos están muy por encima de lo que pudieran imaginarse. Pues así como los cielos están más altos que la tierra, así mis caminos están más altos que sus caminos y mis pensamientos, más altos que sus pensamientos. —ISAÍAS 55:8–9″ target=”_self” icon_pack=”” font_weight=”” text_transform=””]

POCAS PERSONAS HAN transitado este camino, pero ahora Dios está preparando a muchos para comenzar este viaje. El camino a su presencia nos conducirá a través del desierto, por la carretera del Señor llamada Santidad.

Según una de las definiciones, la santidad significa “estado de pureza”.

[edgtf_button type=”outline” text=”“Dios bendice a los que tienen corazón puro, porque ellos verán a Dios” (Mt. 5:8).” target=”_self” icon_pack=”” font_weight=”” text_transform=””]

Un día inesperado, Jesús vendrá por una Iglesia sin mancha ni arruga ni ningún otro defecto (Efesios 5:27). Muchos de nosotros hemos tratado de obtener la santidad al obedecer las reglas y normas, y hemos fracasado miserablemente. Al igual que los judíos quienes trataron (y fracasaron) de guardar la ley a fin de recibir la salvación, no podemos caminar en santidad mediante una serie de reglas y estatutos.

Muchas personas han establecido estas restricciones autoimpuestas con resoluciones legalistas sobre cosas tangibles (por ejemplo, no maquillarse, adherirse a un código de vestimenta estricto, no mirar televisión).

Todos estos límites externos se establecieron en un intento por obtener una pureza interna.

Dios no está buscando una forma exterior de santidad vacía de una transformación interior. Él desea un cambio interno de su corazón, porque un corazón puro producirá un comportamiento puro.

[edgtf_button type=”outline” text=”Jesús dijo: “Primero lava el interior de la taza y del plato, y entonces el exterior también quedará limpio” (Mt. 23:26).” target=”_self” icon_pack=”” font_weight=”” text_transform=””]

Si su corazón es puro, entonces no querrá vestirse de manera seductora. No obstante, aun con un vestido hasta los tobillos, una mujer todavía puede tener una actitud provocativa. Un hombre puede jactarse de que nunca se divorció; sin embargo, ¿es un hombre santo cuando tiene pensamientos lujuriosos en su corazón por otra mujer? No.

Si su corazón es puro, un televisor en su hogar no le provocará mirar o desear cualquier programa impuro. Algunas personas tratan de insinuar que si los cristianos tienen televisores en sus hogares, entonces son mundanos. Los aparatos electrónicos en su hogar no constituyen un criterio de mundanidad, esta cuestión la determina su corazón. Puede no tener ningún televisor en su hogar y codiciarlo en su corazón. Si su corazón es puro, entonces deseará solo lo que Dios desea.

En el desierto, o durante estos períodos de sequía en nuestra relación con el Señor, Dios purifica nuestros propósitos e intenciones. Mientras transita por el camino de la santidad hacia una relación íntima con Dios, vuelva a recordar las palabras de Isaías 35:8: “Un gran camino atravesará esa tierra, antes vacía; se le dará el nombre de Carretera de la Santidad. Los de mente malvada nunca viajarán por ella. Será solamente para quienes anden por los caminos de Dios; los necios nunca andarán por ella”. Note que los de mente malvada nunca viajarán por esta carretera.

Aquellos que se inclinan a la maldad no tienen ningún interés en la pureza ni en seguir los caminos de Dios. Como seguidores de Jesús queremos caminar en la Carretera de la Santidad. Al seguir los caminos de Dios encontramos la senda hacia la intimidad.

QUITAR LOS OBSTÁCULOS

La santidad no constituye un conjunto de normas de conducta, sino una actitud del corazón. Al acercarse ante un Dios santo, ¿qué cambios hará para purificar su corazón? Examine profundamente sus propios deseos, intenciones y comportamientos y tome el compromiso de hacer un cambio de actitud en su corazón, aunque sea pequeño, a fin de profundizar su relación con Jesús.

ORACIÓN

Señor, los resultados intangibles de mi fe son tan complicados. A menudo, resulta más fácil establecer reglas y normas acerca de mi comportamiento exterior. Dame ojos y visión espiritual para quitar de mi vida esta lista de qué hacer y qué no hacer. Haz tu obra en mi corazón. Quita mi corazón de piedra y dame un corazón de carne.

Padre, anhelo ser puro delante de ti y viajar en la Carretera de la Santidad. Enséñame tus caminos y ayúdame a caminar en tus sendas. Moldéame, fórmame y guía mis pensamientos para que constantemente vuelvan a ti. Gracias porque tus caminos son más altos que mis caminos y tus pensamientos más altos que mis pensamientos.

Dame tu inteligencia y ayúdame en mi caminar, hoy y en los años por venir. Te amo, Jesús. Por medio de la fe, creo que harás mucho más de lo que pudiera pedir o incluso imaginar. Amén.