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LECCION UNO EN LOS TIEMPOS DE SEQUIA

LA EXPERIENCIA EN el desierto es diferente para todos. Las circunstancias y los acontecimientos de la vida de cada persona varían. Quizá anhela tener una relación más profunda con el Señor; no obstante, le cuesta encontrar la presencia de Dios. Tal vez se sienta frustrado al buscar una dirección por parte de Dios. Quizá haya orado y la única respuesta que obtuvo fue el silencio.

Job, un patriarca de uno de los libros más antiguos del Antiguo Testamento, tuvo tal experiencia. Su vida se desmoronó “su riqueza desapareció, sus hijos e hijas de repente murieron y fue abatido por una enfermedad física”. Sin embargo, a través de cada prueba, Job permanecía fiel y confiaba en el Señor. En medio de su duda y frustración, clamaba:

Job sabía que Dios estaba a cargo de su vida. No obstante, por un tiempo sintió que Dios lo eludía y que el cielo estaba callado.

Quizá haya pasado por una serie de circunstancias que llenaron su mente de muchas preguntas y provocaron que quisiera presentar su caso frente a frente ante Dios. Estos tiempos de sequía constituyen momentos oportunos para tener conversaciones íntimas con el Padre. Son en estos momentos cuando somos más receptivos a su consejo y a su guía. Es allí cuando nuestros espíritus secos anhelan el agua viva, refrescante y reconfortante que solo Él puede dar.

Todos los cristianos pasan por una experiencia en el desierto en un momento u otro. No es el tiempo de buscar su mano, sino el tiempo de buscar su corazón.

Buscar el corazón de Dios forja el carácter y produce fuerzas. Su tiempo en el desierto lo preparará para la tierra prometida; pero cuando se encuentra en medio del desierto, por lo general es tentado a sentirse desanimado, especialmente cuando no tiene entendimiento.

La experiencia en el desierto está designada para formarlo y prepararlo para un nuevo mover del Espíritu de Dios en su vida, siempre y cuando aborde dicha experiencia con sabiduría y ame a Dios. Si entra con la actitud incorrecta o simplemente busca una salida, probablemente experimentará adversidad, frustración e incluso derrota. Es de vital importancia comprender el propósito de Dios en los tiempos de sequía.

Los hijos de Israel se equivocaron al creer que el desierto se trataba del castigo de Dios, así que constantemente murmuraban, se quejaban y deseaban lo que ellos sentían que les faltaba.

Cuando llegó la hora de salir del desierto y conquistar la Tierra Prometida, los informes negativos por parte de los murmuradores y quejumbrosos los detuvieron. Cuando se les dio la opción entre las promesas y la capacidad de Dios o las percepciones y la incapacidad humana, eligieron creerle al hombre en lugar de a Dios. Ignoraban la naturaleza y el carácter de Dios.

Fueron incapaces de recibir su tierra desde donde fluía leche y miel. Por tanto, Dios dijo: “Está bien, se hará con ustedes conforme a su fe”.

Pudieron haber pasado solamente un corto tiempo en el desierto, en cambio, pasaron el resto de sus vidas.

Si abraza este tiempo de sequía con gozo, el Señor le proveerá la fuerza para su camino hacia la madurez. Como escribió Santiago:

Durante los siguientes días, viajaremos por algunas de estas experiencias en el desierto.

El camino a la presencia de Dios es un viaje que implica cambios y un desierto para crecer y aprender. Avance un paso hacia su presencia. No permita que ninguna barrera le impida conocerle a Él en lo íntimo.